lunes, 2 de julio de 2012

El riconsico de Neus


¡Ay, señor! ¿Cómo he podido acabar así? ¿Magullado, arrugado, sucio e impresentable? ¡¿Yo?! ¡Un billete de los grandes, color violeta, tamaño XXL, limpio, liso y respetable! ¿Cómo puede encontrarse un billete de mi categoría con una situación tan poco formal? ¡Qué poco respeto e importancia se ha dado hacia mi persona!”

“¿Con quién estoy hablando? Estoy arrugado y doblado y no veo nada a mi alrededor. Todo está muy oscuro. ¿Me estaré volviendo loco? Dicen que si hablas solo y te contestas, estás loco. ¡Entonces estoy loco! ¡Bah! Qué más da... ¿A quién le importará que un billete de quinientos arrugado se haya vuelto loco? ¡Joder! ¡Qué soy un billete de quinientos, no uno de cinco, o incluso de cincuenta! ¡Soy un billete de quinientos! ¡Arrugado! ¿Quién te va a querer? Y encima estás loco… Es que si almenos alguien me contestará… ¿Yuuuuuuuuuuuuhuuuuuuuuuuu? ¿Alguien me escucha? ¡Coñe, que soy un Bin Laden! ¡Uno de esos que cuando los ves en la calle crees que es de mentira! Estoy perdido… ¡Ya lo entiendo! ¡Esto es una conspiración contra los billetes de quinientos! ¡Nos quieren hacer desaparecer! Pero ¿Por qué? ¡Claro! Quieren que esos pobrecillos pringaos curren para conseguirnos a los de mi especie, pero como a los peces gordos no les interesa… ¡Nos quieren hacer desaparecer! ¡El Apocalipsis! ¡El fin del mundo! ¡El momento de la reencarnación!... Pero… ¿Por qué hacernos desaparecer de esa manera? Sacarme de mi cómoda bolsita, arrugándome y agarrándome con esa brutalidad… Hay que ver que modales… Y encima meterme después aquí dentro ¡y vete tú a saber que ha habido aquí! Después se han oído chillidos, una alarma, un par de meneos y sacudidas desagradables, un golpe sordo, silencio y de tanto en tanto sonido de neumáticos y sirenas de policía.”

“Qué horror, me siento sucio. Aishh ¿Cómo debe estar mi bandita plateada? Mi bandita linda… Seguro que arrugada y sucia perdida. Me gustaría verla, pero como todo está oscuro va a ser que no… Me estoy poniendo melancólico… sniff sniff… Que triste final… ¿¡Y si me suicido!? ¡Buena idea! Sería morir con orgullo. Pero… ¿Cómo se suicida un billete de quinientos? 

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