Hace ya cosa de un mes que nada se publica aquí i això no pot pas ser!!! Entre la época de exámenes y los días posteriores pues como qu
e el tiempo no me ha bastado. Así pues es un placer volver a estar con todos vosotros, queridos fanáticos de mi blog. Espero que hayáis empezado bien el veranito, y si no ha sido así os deseo que vaya a mejor, hay que disfrutarlo. En cuanto a mi respecta no podrían haberse iniciado mejor los meses de playita y fiesta... ¿o sí?

Aquí en Mallorca destacan las verbenas durante el verano. Fiestas en los pueblos de gran alegría y alboroto. Música mala, buen rollo, alcohol (sí, también tenemos de eso en la isla), resacas, etc. Eso son las verbenas. Cada pueblo tiene la suya, y todas valen la pena. Bueno, no todas. En un pequeño pueblo (de lladres) relativamente cerca de Inca habitaban unas gentes que no querían tanta gresca en su agujerito putrefacto. Mancor de la Vall se llama el vertedero este, y sólo el fuego puede purificar lo que allí se encuentra.
Era la primera verbena del verano 2011 y las expectativas eran altas. Diversión, diversión y más diversión. Tras un largo rato en el big bottle, vulgarmente conocido como botellón, tocaba penetrar en la fiesta. En la plaza del pueblo se congregaba una gran multitud de gente. El ambiente era bueno, pero no tardaríamos mucho en darnos cuenta de su nocividad. Fue delante del escenario. Unas niñas que de buen seguro ejercerán la más antigua profesión del mundo, si no lo hacen ya ahora a su edad de 15 o 16 años, habían seleccionado a la víctima. Era un chico tremendamente guapo, de gran altura, bíceps imponentes, pectorales de hierro, y para nada un freak: yo. Mientras él bailaba distraidamente, bueno, bailar lo que se dice bailar no era, se movía como un títere cuyo ventrílocuo carece de talento, empezó la operación "Capell fora".

Ejemplo de típica familia de Mancor de la Vall
Una de las meretrices, mediante un movimiento ágil y perfeccionado, desplazó mi capell de su lugar original (mi cabeza) a su compañera, que a su vez se escurrió entre la multitud. El gorro ya no estaba entre nosotros (descansa en paz amigo mío), pero si dos de las simpáticas doncellas. Ante las acusaciones de un amigo mío que todo lo había visto ambas chicas decidieron refugiarse con los gallos de corral del pueblo. Aunque no tenían razón nadie quería ver tan esperpéntica verdad. La situación podría haber ido a mayores pero la cosa se enfrió. Menos mal. Hay que decir que la basura llama a la basura, y allí, detrás de los gallitos había mucha más basura, o gallos, cualquier símil me sirve. Teníamos las de perder, vaya que sí.
Las señoritas de compañía se salieron con la suya y del capell ya nada se supo. Però que hi hem de fer? Personalmente voy a marcar en mi agenda imaginaria Mancor de la Vall como pueblo non grato. Y como vea mi querido amigo perdido por otro pueblo, en la cabeza de un homus basura (mancoriano), no respondo de mis actos.
Esto ha sido la primera crónica verbenera del verano.
Un abrazo formal queridos,
Vuestro suequito!!